Familias unidas por los derechos de nuestros hijos e hijas
Familias unidas por los derechos de nuestros hijos e hijas

FDS VI: UNA FELICIDAD LLAMADA COSTA RICA

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,
4 Julio, 2016

FDS VI: UNA FELICIDAD LLAMADA COSTA RICA A principios de mes, cuando decidí aceptar la invitación de Luis Perelman, para acudir a mi primer encuentro de Familias por la Diversidad, confieso que no tenía la menor idea de lo que me esperaba en San José de Costa Rica. Bebiendo una taza de café en la […]


FDS VI: UNA FELICIDAD LLAMADA COSTA RICA

A principios de mes, cuando decidí aceptar la invitación de Luis Perelman, para acudir a mi primer encuentro de Familias por la Diversidad, confieso que no tenía la menor idea de lo que me esperaba en San José de Costa Rica.

Bebiendo una taza de café en la Ciudad de México, mientras esperaba mi segundo vuelo, pensé que regresaría con mucha información valiosa  y necesaria  para mi ejercicio diario en Trans amor.

Llegando a la sala de abordar, pensé en lo interesante que sería realizar nuevos lazos de amistad con personas de otros países quienes de seguro, compartiría intereses.

Llegué a reprocharme un poco, cuando llegó a mi mente la idea de tomar esta experiencia como un viaje cultural y de esparcimiento.   Rompiendo la rutina y la monotonía diaria en la que se ha vuelto mi vida.

El vuelo fue más que tranquilo y  un clima excelente me recibió en Costa Rica.

Fue entonces cuando una verdadera vorágine de hermosas experiencias fue llenando mi alma y mi corazón.

Los sentimientos se me agolpaban dentro del pecho.

Y todo dio inició cuando Luis me pidió que pasara al frente del auditorio para presentarme.

No conocía prácticamente a nadie.   Pero sentía un gran ambiente de camaradería, un ambiente lleno de personas abiertas, sensibles y cariñosas, por lo que no tuve reparo en presentarme como el padre orgulloso que iba en representación de su hijo gay.    Pero sabía que allí, no podía mentir.   Sentí la necesidad de mostrarme abiertamente ante todos y así lo hice.

Esta fue la primera vez que me he  presentado ante un grupo, como la mujer trans que soy.

La respuesta de la gente me llenó el corazón una vez más.  Aplausos, abrazos, besos y felicitaciones por mi valor.

El cúmulo de vivencias y testimonios escuchados a lo largo de los días, resultaron ser abrumadores,  luego de escuchar historias desgarradoras como la de la muerte de un chico gay a causa del bullying o historias tan fantásticas como la vida de Morgana.

Como padre, tuve la emotiva experiencia de ponerme al frente de la marcha sujetando con orgullo la lona de Familias unidas y gritando hasta que la voz me lastimó,  al ritmo del incansable Fernando.

Como si esto no fuera suficiente, la locura de emociones llegó a mi vida, marcando un antes y un después, un claro parte aguas en mi camino.

Me explico.

Siendo yo una mujer transexual, siempre he tenido la gran ilusión en mi corazón, de llegar a tener una vida como la que tienen muchas de ustedes.  Sé que tal vez, al leer estas palabras, habrá que piense  que estoy basando una ilusión en una genitalidad dicotómica o que estoy soñando en asumir un rol social femenino muy estereotipado.   Pero así soy yo.   Creo que todas las personas pensamos diferente.

Desgraciadamente cuando la adolescencia masculina llegó de manera irremediable a mi vida , los cambios físicos que sufrió mi cuerpo fueron muy significativos y el escenario de mi vida se complicó terriblemente.

Una voz gruesa, una piel velluda, la caída de mi cabello, entre otras cosas más, me hacen recordar, día a día, que mi cuerpo difícilmente llegará a reflejar mi verdadera esencia

Esto resulta ser muy doloroso para mí.   Tal vez por mi forma de ser o por mi personalidad, o por ambas cosas, pero es un dolor que se lleva muy dentro del alma. Un dolor que corroe, que sofoca y con el que he tenido que aprender a vivir, de una u otra manera.

Cuando mi vida marital se vino abajo, decidí que era momento para intentar arrancarle a la vida tan solo un poco de felicidad.  Al enterarse mi psicóloga de estos planteamientos me lanzó un comentario que resultó caer sobre de mí como una loza sobre la espalda. “Debes de ser realista y sentar bien los pies. No te hagas muchas ilusiones, por que hagas lo que hagas, nunca dejarás de lucir como un hombre disfrazado de mujer y alguien pudiera reconocerte”

A pesar de esto y gracias a unas maravillosas personas que tuve la oportunidad de conocer en España, quienes me fueron ayudando con infinita paciencia y cariño para que poco a poco fuera tomando un poco de confianza, es que pude enfrentarme a mis miedos y mis fantasmas interiores.

Logré hacer lo que tanto anhelaba mi corazón    Ir a tomar un café, ir al cine, al súper por la compra de la casa o recoger a los niños del colegio.

No ha sido nada sencillo y confieso que en  los primeros intentos el terror me consumía por dentro.  La luz del sol o la artificial muy brillante o los lugares muy concurridos, resultaban ser escenarios amenazadores.

He avanzado mucho.  Estoy orgullosa de ello.

La  noche del brindis, cuando ingresé al salón de eventos sucedió algo que me dejó sin palabra.   Todos los amigos que me dieron la bienvenida un día antes y muchos de ustedes, con quienes tuve la oportunidad de conversar, al verme, me daba la impresión de que no me reconocían.

Por un momento llegué a pensar – tal vez pretenden simular que no me reconocen para hacerme sentir bien –

Pero no era así.   El momento se repitió una y otra vez.   No podía creerlo.

Poco faltó para que mi querida Lidia fuera ante mí para preguntarme si ya había hecho el pago correspondiente (Jijijiji).

Mi asombro fue mayúsculo cuando mi amiga Mariely decidió presentarme.   Wooow. La gente me respondía. “Mucho gusto”.

Era yo entonces una mujer más dentro de ese salón.  Como cualquier otra.

Mi felicidad brotaba de mis poros.   No me habían reconocido!!!

A partir de ese momento todos, absolutamente todos, comenzaron a  llamarme Marcela, con absoluto respeto, independientemente de la forma en la que vistiera.

Han sido ustedes quienes me han ayudado a desprenderme de esa tremenda loza que me ha acompañado los últimos años y que hasta esa noche, pensaba que nunca lograría quitarme.

Ya para terminar, deseo pedirle un gran favor, a todos los que llevan algún grupo de atención para menores transexuales:   Nunca dejen de luchas por esos pequeños.  Nunca.   Su vida y su felicidad dependen mucho de ustedes.   Necesitamos más historias bonitas como la de Morgana y menos historias como esta.

Gracias a todos.  Mi admiración y respeto hoy y siempre.

Marcela

muller.reais@gmail.com

 


Deja un comentario

INICIAR SESIÓN

Donaciones


Dólares
Euros

FAMILIA FDS