Prevención de la violencia

La homofobia es una forma de prejuicio. Es una creencia de que las personas lesbianas, gays y bisexuales son pecadoras, inmorales, enfermas e inferiores a los heterosexuales, o mujeres u hombres incompletos. El prejuicio hacia cualquier grupo es una actitud aprendida: a la gente se le debe enseñar a no ser prejuiciosa.
La homofobia, al igual que otros tipos de prejuicios (sexismo, racismo, clasismo, antisemitismo), es también una manera de opresión. Todas las formas de opresión no son idénticas, por supuesto, pero todas las formas de opresión están relacionadas unas con otras. La historia está llena de ejemplos del poder corrosivo y destructivo de los prejuicios (el antisemitismo llevó al Holocausto, el racismo llevó a la esclavitud y a la matanza de los nativos americanos, el sexismo llevó a la opresión de las mujeres, etc.). La homofobia es tan dañina como otras formas de prejuicio. Observa a algunas personas quienes dicen creer en un Dios amoroso pero a la vez predican el odio a los homosexuales (vea el principio de De Colores).
Hay muchos ejemplos del poder destructivo de la homofobia en la sociedad y la familia. Marga Gómez está aterrada y dolida por ello: “Hay algo allá afuera que está motivando a las personas a que odien a la gente gay. Que no nos merecemos nada. Que ni siquiera merecemos existir”. Martín Madrigal nos cuenta como su padre estaba dominado por los sentimientos homofóbicos que le habían sido transmitidos desde temprana edad:
“Mi papá solía llegar borracho del trabajo a la casa los viernes, que era el día de paga. Era a media noche cuando todo el mundo estaba durmiendo. Yo era muy joven y el me sacaba de la cama y me llevaba a la cocina. Me sentaba y me decía: ‘Si terminas siendo maricón, te voy a matar.’ Nunca entendí por qué”.
Leonor Holstrom apunta que “49% del abuso hacia los homosexuales es cometido por sus propias familias” donde el amor familiar ha sido aplastado por la homofobia. La amada madre de Alberto Rangel se convierte en una persona cruel y amenazante. Ella le envía el siguiente mensaje a su hijo gay:
[El hermano de Alberto habla] “’Mamá me pidió que hablara contigo porque vas por mal camino, y por eso desea que te mueras para ya salir de eso y seguir adelante.’ Ella asume que la homosexualidad es igual que el SIDA y es igual a la muerte”.
Cuando por primera vez les dijo a sus padres, Esther Bell sufrió su dura reacción: “Y me dijo ella [mi madre] que era una fase, que iba a pasar, que no me iban a dejar regresar a la universidad, que me iban a mandar a un sacerdote para que me hiciera un exorcismo, que me iban a mandar donde un siquiatra, que me iban a meter a un manicomio... Me amenazaron bastante”.
Prevención de la violencia
La homofobia es una forma de prejuicio. Es una creencia de que las personas lesbianas, gays y bisexuales son pecadoras, inmorales, enfermas e inferiores a los heterosexuales, o mujeres u hombres incompletos. El prejuicio hacia cualquier grupo es una actitud aprendida: a la gente se le debe enseñar a no ser prejuiciosa.
La homofobia, al igual que otros tipos de prejuicios (sexismo, racismo, clasismo, antisemitismo), es también una manera de opresión. Todas las formas de opresión no son idénticas, por supuesto, pero todas las formas de opresión están relacionadas unas con otras. La historia está llena de ejemplos del poder corrosivo y destructivo de los prejuicios (el antisemitismo llevó al Holocausto, el racismo llevó a la esclavitud y a la matanza de los nativos americanos, el sexismo llevó a la opresión de las mujeres, etc.). La homofobia es tan dañina como otras formas de prejuicio. Observa a algunas personas quienes dicen creer en un Dios amoroso pero a la vez predican el odio a los homosexuales (vea el principio de De Colores).
Hay muchos ejemplos del poder destructivo de la homofobia en la sociedad y la familia. Marga Gómez está aterrada y dolida por ello: “Hay algo allá afuera que está motivando a las personas a que odien a la gente gay. Que no nos merecemos nada. Que ni siquiera merecemos existir”. Martín Madrigal nos cuenta como su padre estaba dominado por los sentimientos homofóbicos que le habían sido transmitidos desde temprana edad:
“Mi papá solía llegar borracho del trabajo a la casa los viernes, que era el día de paga. Era a media noche cuando todo el mundo estaba durmiendo. Yo era muy joven y el me sacaba de la cama y me llevaba a la cocina. Me sentaba y me decía: ‘Si terminas siendo maricón, te voy a matar.’ Nunca entendí por qué”.
Leonor Holstrom apunta que “49% del abuso hacia los homosexuales es cometido por sus propias familias” donde el amor familiar ha sido aplastado por la homofobia. La amada madre de Alberto Rangel se convierte en una persona cruel y amenazante. Ella le envía el siguiente mensaje a su hijo gay:
[El hermano de Alberto habla] “’Mamá me pidió que hablara contigo porque vas por mal camino, y por eso desea que te mueras para ya salir de eso y seguir adelante.’ Ella asume que la homosexualidad es igual que el SIDA y es igual a la muerte”.
Cuando por primera vez les dijo a sus padres, Esther Bell sufrió su dura reacción: “Y me dijo ella [mi madre] que era una fase, que iba a pasar, que no me iban a dejar regresar a la universidad, que me iban a mandar a un sacerdote para que me hiciera un exorcismo, que me iban a mandar donde un siquiatra, que me iban a meter a un manicomio... Me amenazaron bastante”.
Organizan la 5ta Convención de la Asociación de Familias por la Diversidad Sexual:
Asociación Internacional de Familias por la Diversidad Sexual
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